Cuando las porterías no tenían larguero: la historia del fútbol que casi nadie conoce
- COLEF Canarias
- hace 7 horas
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CUANDO LAS PORTERÍAS NO TENÍAN LARGUERO: LA HISTORIA DEL FÚTBOL QUE CASI NADIE CONOCE
Antes de que empiece la final del Mundial, te proponemos un reto. Piensa en el fútbol que conoces. Ahora olvídalo durante un momento. Porque hubo un tiempo en el que 🥅 las porterías no tenían larguero, ⚽ el penalti no existía 👣 y todavía se discutía si podían darse patadas a la persona rival. Y no, no estamos hablando de hace siglos. Estamos hablando del nacimiento del fútbol moderno. Hace más de sesenta años, la Revista Española de Educación Física publicó un recorrido apasionante por esa historia. Lo hemos recuperado del Archivo Histórico de la REEFD para que puedas descubrir cómo llegó a construirse el deporte que hoy paraliza al mundo.
La Selección Española disputará este domingo ante Argentina la final de la Copa del Mundo. Mientras millones de personas cuentan las horas para ver un partido regido hasta el último detalle —desde la posición milimétrica que determina un fuera de juego hasta el lugar exacto desde el que debe ejecutarse un penalti—, cuesta imaginar que el fútbol nació sin buena parte de los elementos que hoy parecen inseparables del juego. La final se celebrará el 19 de julio en el New York New Jersey Stadium.
En 1863, las porterías no tenían larguero, el penalti no existía y quienes trataban de acordar unas reglas comunes todavía discutían si debía permitirse patear las piernas de la persona rival. Tampoco había una única historia que comenzara limpiamente en una taberna londinense: mucho antes de que Inglaterra codificara el fútbol moderno, distintas culturas habían desarrollado juegos de pelota en los que intervenían los pies, la oposición entre grupos y la conquista de un espacio.
Buena parte de esta historia ya fue contada hace más de sesenta años en la Revista Española de Educación Física. En el artículo «Cien años de fútbol», publicado en 1963, el profesor de Educación Física Benigno Fernández aprovechó el centenario de la constitución de la Football Association para recorrer los muchos caminos que condujeron hasta el deporte más popular del mundo. Su texto combina historia, reglamento, lenguaje, cultura y educación en una pieza divulgativa llena de episodios que aún hoy pueden sorprender incluso a quienes siguen el fútbol cada semana.
Prf. Benigno Fernández, 1963
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ANTES DEL FÚTBOL HUBO MUCHOS «FÚTBOLES».

El relato más repetido sitúa el nacimiento del fútbol en Inglaterra, en 1863, cuando representantes de varios clubes se reunieron en Londres para constituir la Football Association y acordar un reglamento compartido. El dato es esencial, pero no significa que antes no hubieran existido prácticas semejantes ni que el nuevo deporte apareciera de repente, completamente formado.
Benigno Fernández comienza precisamente cuestionando esa simplificación. En su recorrido aparecen juegos practicados por diferentes pueblos, referencias de la Antigüedad griega y romana, el calcio italiano, la soule francesa y otras formas populares de disputar una pelota. No todas pueden considerarse antecedentes directos del fútbol ni componerse como una genealogía continua, pero sí demuestran algo importante: la idea de golpear, conducir o disputar colectivamente una pelota existió en lugares y momentos muy distintos. El propio autor lo resumía con una expresión especialmente acertada: «el fútbol tuvo muchos caminos».
Durante siglos, esos caminos dieron lugar a juegos locales con terrenos, participantes y costumbres diferentes. No había una autoridad común, ni medidas universales, ni una separación nítida entre jugar con los pies y emplear las manos. En muchos casos, el objetivo consistía simplemente en llevar la pelota hasta una zona del territorio contrario, con una libertad de acción que hoy resultaría difícilmente reconocible como deporte reglado.
Por eso, más que inventar desde cero la acción de jugar con una pelota, la gran aportación inglesa del siglo XIX consistió en convertir una diversidad de prácticas y códigos en un juego reconocible, reproducible y progresivamente universal. La historia de 1863 no es solo la del nacimiento de unas reglas: es la del intento de conseguir que personas y clubes acostumbrados a jugar de maneras distintas pudieran enfrentarse bajo un mismo código.
CUANDO EL FÚTBOL ERA UN PROBLEMA DE ORDEN PÚBLICO

Antes de ser reguladas, algunas formas populares de fútbol estuvieron muy lejos de la imagen ordenada de un partido contemporáneo. Podían involucrar a grandes grupos, extenderse por calles y campos, provocar daños y terminar en enfrentamientos. La ausencia de límites claros hacía que el juego se confundiera en ocasiones con una disputa colectiva.
Benigno dedica uno de los apartados más llamativos de su artículo a las prohibiciones que se sucedieron en Inglaterra. En 1314, Eduardo II ordenó impedir en Londres determinados juegos de pelota por los tumultos y perjuicios que ocasionaban; otras restricciones posteriores estuvieron relacionadas tanto con la violencia como con el interés de la Corona en que la población se ejercitara en actividades consideradas más útiles para la defensa, especialmente el tiro con arco. La documentación histórica confirma que estas prácticas fueron perseguidas repetidamente durante varios siglos como una cuestión de seguridad y orden público.
El texto de 1963 titulaba este episodio «El fútbol, delito lamentable», reproduciendo una expresión atribuida a una prohibición del siglo XVI. La literalidad y la atribución exactas de esa fórmula son difíciles de acreditar con las fuentes hoy disponibles, pero el fenómeno histórico que trataba de resumir no ofrece dudas: antes de convertirse en un espectáculo protegido y organizado, el fútbol popular fue una actividad que distintas autoridades intentaron contener.
El cambio decisivo no consistió, por tanto, en inventar el juego, sino en hacerlo gobernable. Era necesario delimitar el terreno, decidir qué acciones podían admitirse, fijar cómo se conseguía un tanto y establecer quién aplicaría las reglas. El fútbol empezó a convertirse en deporte cuando dejó de depender exclusivamente de las costumbres particulares de cada lugar.
LA DISCUSIÓN QUE PUDO CAMBIAR LA HISTORIA DEL FÚTBOL.

La constitución de la Football Association el 26 de octubre de 1863 tampoco resolvió inmediatamente las diferencias. Las reglas se debatieron durante seis reuniones y uno de los conflictos centrales fue el denominado hacking: la posibilidad de patear las espinillas o las piernas de la persona rival.
Algunos clubes defendían que esa acción formaba parte del carácter del juego. Otros querían construir un código que redujera la violencia y privilegiara la conducción de la pelota con los pies. La disputa no fue un detalle menor: afectaba a la propia identidad de la nueva modalidad y contribuyó a separar el fútbol de los códigos que evolucionarían hacia el rugby.
Las reglas definitivas, aprobadas el 8 de diciembre de 1863, prohibieron expresamente las zancadillas y el hacking, así como sujetar o empujar con las manos. El fútbol moderno nació, de este modo, en medio de una pregunta que hoy parecería insólita: ¿cuánta violencia debía tolerarse para que el juego siguiera siendo el mismo juego?
Benigno reconstruyó este conflicto cuando se cumplían cien años de aquellas reuniones. Su relato permite observar que el reglamento no fue una cuestión accesoria añadida después al fútbol. Fue lo que hizo posible su existencia como práctica compartida. Al excluir unas conductas, admitir otras y crear procedimientos comunes, las reglas transformaron una familia dispersa de juegos en una modalidad capaz de extenderse más allá del lugar en el que había sido acordada.
SE PODÍA MARCAR A CUALQUIER ALTURA PORQUE NO HABÍA LARGUERO.

Aunque las reglas de diciembre de 1863 ya establecieron una base común, aquel fútbol seguía siendo muy diferente del actual. Uno de los datos más sorprendentes se encontraba en las propias porterías: estaban formadas por dos postes separados, pero no tenían cinta, cuerda ni travesaño que fijara un límite superior.
Esto significaba que el balón podía pasar entre los postes a cualquier altura y el tanto seguía siendo válido, siempre que no hubiera sido lanzado o transportado con las manos. Las primeras reglas lo decían expresamente. Solo con la evolución posterior se incorporó un límite superior y terminó consolidándose el larguero rígido a la altura hoy conocida.
Tampoco existían las redes, ni estaban definidos desde el primer momento todos los elementos que ahora identificamos con un campo de fútbol. El número universal de participantes, las áreas, las dimensiones y diferentes formas de reanudar el juego fueron estabilizándose progresivamente. Lo que hoy parece una arquitectura inevitable fue, en realidad, el resultado de decisiones sucesivas.
Esta evolución demuestra hasta qué punto el fútbol no nació terminado. Incluso después de su codificación, necesitó décadas para adquirir una apariencia cercana a la actual. Cada innovación respondía a un problema concreto: determinar con claridad si había entrado el balón, reducir conflictos, ordenar las infracciones o equilibrar el ataque y la defensa.
EL FÚTBOL YA LLEVABA CASI TREINTA AÑOS REGLAMENTADO CUANDO APARECIÓ EL PENALTI.

También el penalti, una de las escenas más reconocibles y decisivas del fútbol contemporáneo, fue una invención tardía. No figuraba en las reglas de 1863 y no se incorporó hasta 1891. Para entonces, el fútbol llevaba casi tres décadas organizándose, extendiéndose y celebrando competiciones.
Su aparición revela una transformación profunda. Para crear el penalti no bastaba con identificar una infracción: era necesario aceptar que determinadas faltas cometidas cerca de la portería merecían una respuesta distinta y potencialmente decisiva. El reglamento comenzaba a diferenciar no solo qué estaba prohibido, sino también dónde sucedía y qué ventaja injusta había producido.
Algo semejante ocurrió con el fuera de juego. La formulación original era mucho más restrictiva que la actual y fue modificándose para alterar el equilibrio entre quienes atacaban y quienes defendían. Las discusiones contemporáneas sobre posiciones milimétricas y tecnología arbitral forman parte, por tanto, de una historia mucho más larga: pocas reglas han condicionado tanto la manera de ocupar el espacio y pocas han sido reformadas tantas veces.
Benigno dedicó una parte considerable de su trabajo a explicar las diecisiete reglas vigentes en 1963 y las sucesivas modificaciones que habían conducido hasta ellas. Su interés no era solo enumerarlas. Quería mostrar que conocer el reglamento era imprescindible para comprender el fútbol, frente a una conversación pública en la que muchas personas se consideraban expertas sin haber leído nunca las normas. De ahí la frase con la que abría el artículo: «De fútbol se habla mucho. Y de fútbol se sabe muy poco».
EL FÚTBOL TAMBIÉN TUVO QUE ENCONTRAR SU NOMBRE.

La transformación del juego no fue únicamente reglamentaria. A medida que se extendía fuera de Inglaterra, cada país tuvo que decidir cómo incorporar el nuevo deporte y su vocabulario. En España, la llegada del football abrió un debate lingüístico en el que convivieron la adopción de anglicismos, su adaptación fonética y la búsqueda de palabras castellanas.
En 1908, el periodista Mariano de Cavia propuso la palabra «balompié» como alternativa a football. No fue, por tanto, una denominación popular surgida espontáneamente, sino una creación consciente destinada a trasladar el nombre del juego al castellano. Aunque finalmente se impuso «fútbol», la propuesta obtuvo suficiente aceptación para sobrevivir en el lenguaje y en la denominación de clubes como el Real Betis Balompié o la Real Balompédica Linense.
El mismo proceso afectó al resto del vocabulario. Durante un tiempo, la prensa y quienes practicaban este deporte utilizaron términos como match, team, referee, goal u offside. Algunos fueron sustituidos por partido, equipo, árbitro y fuera de juego; otros, como gol, se adaptaron y quedaron definitivamente incorporados.
Benigno prestó atención a esta historia porque comprendió que la expansión del fútbol era también un fenómeno cultural. El juego no viajaba solo: llevaba consigo reglas, palabras, modelos asociativos y formas de organizar la competición. Su descripción del fútbol de 1863 como un fútbol «navegante y ferroviario» resume con especial fuerza el modo en que marinería, personal técnico, empresas, minas, puertos y redes ferroviarias británicas contribuyeron a su difusión internacional.
UNA HISTORIA RECUPERADA DESDE LA EDUCACIÓN FÍSICA Y DEPORTIVA.

En el homenaje que el Consejo COLEF está realizando cada mes al Archivo Histórico de la Revista Española de Educación Física y Deportes (REEFD), cuya digitalización completa se publicó en 2025, recuperamos en esta ocasión un artículo especialmente oportuno. Cien años de fútbol, firmado por Benigno Fernández en 1963, no se limitaba a recordar una efeméride: ofrecía una mirada amplia sobre la formación histórica de un deporte que ya entonces había adquirido una dimensión universal.
Algunos datos y fechas incluidos en aquel texto deben leerse hoy a la luz de la investigación posterior, como corresponde a cualquier fuente histórica. Pero su planteamiento general conserva todo su valor. Benigno entendió que explicar el fútbol exigía mirar mucho más allá de sus resultados: hacia los juegos que lo precedieron, las normas que redujeron su violencia, los elementos que fueron dando forma al terreno, las palabras con las que cada sociedad decidió nombrarlo y los procesos que permitieron convertirlo en una práctica compartida.
Mientras España y Argentina se preparan para disputar la final de la Copa del Mundo, el artículo invita a contemplar el partido desde una perspectiva poco habitual. Cada saque, cada fuera de juego, cada falta y cada penalti son el resultado de una historia de decisiones que pudo haber sido diferente. El fútbol que verá el mundo este domingo no apareció de una vez y para siempre: fue aprendiendo, durante generaciones, a convertirse en fútbol.
El archivo histórico de la REEFD, ahora plenamente accesible, permite recuperar estas aportaciones y ponerlas en diálogo con los debates actuales.
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Puedes leer el artículo completo de Benigno Fernández
en el archivo histórico de la REEFD:
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