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Miércoles, 06 Septiembre 2017 14:45

¿Por qué la discusión académica acerca de si los e-sports son una modalidad deportiva es poco relevante? - José Antonio Serrano, col. nº 57332

¿Por qué la discusión académica acerca de si los e-sports son una modalidad deportiva es poco relevante?

 

2º Artículo de Opinión de

José Antonio Serrano Sánchez., colegiado COLEFC nº 57332

Catedrático de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte

Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

 

Se han publicado varios artículos de opinión sobre los e-sport en las últimas semanas que en su mayor parte incluyen una discusión académica, concluyendo por lo general que los e-sports no pueden considerarse una modalidad deportiva, porque no cumplen los criterios esenciales que definen el deporte. Consecuentemente, los e-sports no deberían ser regulados al mismo nivel que los deportes federados, acaso con una Ley específica para ellos o bien dentro una Ley más general sobre las tecnologías de la información. En una línea argumental contraria, algunos titulados en CAFD y particularmente no titulados han argumentado académicamente a favor de la inclusión de los e-sports en la Ley Canaria del Deporte, recibiendo duras críticas por diversas razones que escapan al foco de esta comunicación, pero entre ellas, se critica el uso de argumentos académicos para calificar como modalidad deportiva a los e-sports. La dureza de la crítica no ha sido proporcionada a la evidencia académica presentada, que no es otra que la definición de deporte de Parlebás, que se está tomando casi como una verdad absoluta, cuando no es así. Sin embargo, de todos los problemas que generarán los e-sports en el futuro, el menos importante es si se le reconoce a efectos legales como modalidad deportiva, transgrediendo la doctrina académica. Este será el menor de los problemas, porque descansa en un acto de convención sobre el alcance y significado de una palabra.

 

La doctrina académica que sustenta la definición imperante de deporte es débil, porque es nominalista, que es una doctrina filosófica que está más cerca de la religión que de la ciencia moderna. Me propongo en estas líneas mostrar que la discusión académica de si los e-sports son o no deporte no frenará su regulación legal por la debilidad racional de sus argumentos, muy sensibles a la crítica fácil incluso por no expertos. Quizás será mejor para el colectivo acogerse a otra línea de argumentos más centrada en las consecuencias de la regulación legal de los e-sports.

 

Defender posiciones conceptualmente diferentes sobre qué es el deporte está a la orden del día. Diferentes instituciones sociales (administraciones públicas, ciencia, universidad, medios de comunicación) mantienen visiones diferentes de qué es el deporte. P.e., las leyes reconocen que el ajedrez, el billar, los galgos, adiestrar perros y la colombicultura son deportes federados. Incluso académicamente no existe una conclusión cierta de qué es el deporte y han surgido algunos constructos alternativos como el deporte para todos. Un investigador de reconocido prestigio dentro y fuera de nuestras fronteras comentó una vez que preguntarse qué es el deporte era comparable a discutir sobre cuál es el sexo de los ángeles. Nadie o casi nadie se ha preguntado si existe un deporte verdadero. Salvando las distancias, esta pregunta es comparable a si existe un sexo verdadero, aunque este tenga una base biológica poca gente se lo pregunta. Los estudios sobre diferencias en el desarrollo sexual muestran que no existe el sexo verdadero dicotómico (hombre y mujer), concibiendo el sexo como un espectro de fenotipos. Salvando las distancias entre el sexo y deporte, este último tiene mucho más complicado responder a si existe un deporte verdadero, porque el deporte a diferencia del sexo no tiene estructuras (gónadas, hormonas, cromosomas) que lo vinculen con la realidad. Y es que el deporte es una construcción cultural, por lo tanto es cambiante. La cultura, siguiendo a Ortega-Gasset, depende del sistema de ideas vivas de cada tiempo, que en su mayor parte provienen de la ciencia, pero la ciencia no agota toda la cultura, solo contribuye a ella. Históricamente, el uso social de la palabra deporte ha estado más vinculado a la recreación que a la competición física organizada e instituida que predomina actualmente, a saber el significado que se le otorgará en el futuro.

 

En la ciencia social cuando se investiga fenómenos sociales de cierta complejidad (p.e., turismo, partidos políticos, participación deportiva), los investigadores se ven en la necesidad de definir a priori los constructos investigados. Esto es de obligado cumplimiento para establecer los límites del ámbito conceptual de una investigación, lo cual a su vez limita la validez de constructo y el alcance de las conclusiones de una investigación (véase Mayntz, Holm y Hubner, 1985). En un estudio, esto se resuelve a menudo con unas simples líneas, donde el investigador define los constructos investigados. Muchas veces el constructo está bien establecido y no es necesario definirlo. Por ejemplo, la definición de actividad física (AF) actual como cualquier clase de movimiento que produzca un aumento del gasto energético sustancialmente por encima del nivel de reposo. Nadie la discute en el ámbito de la salud y en las operaciones analíticas de una publicación se aprecia enseguida si el investigador se desvía de la definición establecida de AF y se ha ido a medir o evaluar otra cosa diferente. No pasa lo mismo con el constructo deporte. Es una palabra que se inventó para definir un comportamiento individual y colectivo que ha ido cambiando con el devenir histórico. Ningún científico serio espera, ni exige, que una definición nominalista acapare la totalidad de la realidad investigada y mucho menos daría por verdadera una definición nominalista. Es una convención previa para poder avanzar en otros ámbitos de investigación.

 

Lo contrario al nominalismo, es el realismo científico, que elabora la definición de un constructo (p.e., obesidad) después de investigarlo e identificar las propiedades que lo caracterizan. Esto se hace a posteriori de recabar y analizar un conjunto de datos. Continuamente se ensayan nuevas definiciones de obesidad que son válidas según que ámbitos (epidemiología, investigación clínica, niños, ancianos). La ciencia moderna sigue este modelo para definir fenómenos de interés científico, pero el deporte no puede acogerse a una definición realista o posteriori porque necesita una convención. 

 

La definición actual de deporte que identifica tres rasgos definitorios, una situación motriz, competición e institucionalización (Parlebás, 1988) es una definición esencialmente nominalista, establecida a priori, que es tanto como decir que a partir de ahora, para entendernos, definiremos el deporte de esta manera, pero eso no significa que sea totalmente real y lo podríamos haber definido de otra manera. Lamentablemente es lo que hay, es imposible que el deporte pueda alcanzar una definición real, porque no tiene su origen en la naturaleza, es un constructo artificial y cambiante, nacido de la cultura.  Si alguien tiene el atrevimiento de decir que una definición de deporte es verdadera debería repasar las doctrinas filosóficas subyacentes en las ciencias sociales.

 

Si alguien compite contra sí mismo, saliendo a correr cada día con la meta de reducir progresivamente su peso o para mejorar su condición física porque la necesita para afrontar con éxito el ascenso de una montaña singular ¿hace deporte? Realmente ¿es importante que discutamos si eso es ejercicio más que deporte? esta discusión no conduce a ningún hallazgo relevante, es estéril, hay tantos argumentos nominalista y racionales a favor como en contra. Ningún científico serio de las ciencias del deporte se detendría en discutir seriamente qué es deporte y que no, porque no vale la pena entrar en discusiones bizantinas que restan energías para alcanzar otros objetivos más ambiciosos.

 

La actividad física poblacional va en declive de manera imparable. Las próximas décadas veremos una robótica inteligente invadiendo muchos ámbitos de la vida cotidiana. Los robots actuales ya han "secuestrado" algunas fuentes de gasto energético, p.e. barrer y fregar, que aunque tiene un bajo gasto energético y están caracterizadas como AFs ligeras, ahora sabemos, desde hace poco, que tienen un valor importante en la salud (Herzig, 2014; Gando, 2010; Healy, 2007), pero no por la vía de su contribución energética y mejora del fitness, sino por restar tiempo sedentario. Se ha descubierto que un alto nivel de AFs ligeras protege contra la diabetes y el síndrome metabólico, anulando los efectos perniciosos de estar sentados (Loprinzi, 2014). Con una robótica inteligente en expansión, que nos "libera" de muchas AF domésticas, laborales y desplazamientos, habrá que repensar qué sustitutivos disponemos para evitar la carga creciente de mortalidad y morbilidad asociada a la inactividad física (Colditz, 1999), además de cómo contener el gasto farmacéutico creciente (Katzmarzyk, Gledhill, & Shephard, 2000). El cuerpo humano es fruto de millones de años de evolución y sobrevivió a la presión evolutiva gracias a la capacidad para gestionar la energía ingerida, con un sistema de ahorro muy eficaz para épocas de hambruna, pero letal cuando se suprime la actividad física y esto es muy reciente desde una perspectiva evolutiva.     

 

No es de descartar que en el futuro acontezca un cambio conceptual sobre el deporte, en el sentido de asimilarlo a cualquier clase de competición instituida donde se respeten los valores de igualdad en las condiciones de competición y la equidad en la aplicación de las normas, con la AF en un segundo plano. De hecho, es lo que propone el presidente de la CCAA de Canarias al pretender regular los e-sports como deporte. Esto va a tener consecuencias muy diversas y la que menos importa es la de si se transgrede el significado académico, social o legal de deporte, que por otra parte no coinciden. Más debería preocuparnos los efectos que puede tener en los planes de estudio de los títulos, que podrían ser espectaculares; en la complejidad extra que puede introducir en una Ley de Deporte de por si compleja, p.e., la regulación de los árbitros virtuales en partidos virtuales; en la resolución eficaz de los recursos y denuncias que puede motivar una vez regulado; en la obsolescencia a corto plazo de las normas que se establezcan para los e-sports dada su dependencia de los avances tecnológicos, que son imparables, entre otras posibles consecuencias. El más importante sin lugar a dudas en su impacto en la salud pública, esto ya se informado en otro documento del COLEF, vivimos una época de alarma sanitaria por enfermedades hipocinéticas (diabetes, síndrome metabólico, hipertensión, obesidad, etc.), con altos niveles de prevalencia poblacional, millones de personas las padecen en España. Sería bueno que la Dirección General de Deportes se coordinara con la administración sanitaria para promover deportes saludables y acabaríamos con este problema.

 

Si los e-sport, en vez de sentados, se hicieran sobre un tapiz rodante, con un protocolo incremental de velocidad, de manera que tuvieran que simultanear un patrón locomotivo como caminar y correr a diferentes velocidades, con el control manual de los mandos y una alta atención a los avatares del juego ¿podría considerarse deporte? Si lo que interesa socialmente es su impacto en la salud pública y sabiendo el interés de los e-sports por su regulación legal, podrían buscarse puntos de encuentro. 

 

Finalmente, observo que el grueso de la discusión sobre los e-sport como deporte va más en la línea de aclarar dónde estamos, siguiendo un enfoque de diagnóstico. Se diagnostica que los e-sports no son deporte y consecuentemente no deben ser regulados. Sin embargo estos argumentos apenas alertan de que consecuencias va a tener en la población y sociedad de Canarias. Es normal que en situaciones complejas se genere una tendencia hacia el diagnóstico, cuando lo que se necesita es que nos indiquen la salida. Es como si un grupo de "urbanitas" se perdiera en un denso bosque y después de vagar durante horas de un sitio para otro se encuentran con un pastor de ovejas y le preguntan ¿dónde estamos? y el pastor les dice, vds. perdonen pero la pregunta no resuelve su problema, ¿que interés tiene saber dónde están?, creo que les será más útil saber cuál es la salida y adónde les lleva ¿por qué no me preguntan dónde quieren ir? Algo parecido está sucediendo, los argumentos que diagnostican que los e-sport no son deporte son débiles y no va a parar su legalización deportiva. Si se quiere concienciar a los legisladores, los principales argumentos deberían ir por la vía de las consecuencias que va a tener en la salud de las personas, en la carga de sedentarismo poblacional (Hamilton, 2008), en la eficacia de la Ley para resolver problemas futuros que generen los e-sport y en la economía canaria (probable reducción de la recaudación de los impuestos al consumo). Es un ámbito abierto de consecuencias, la más notoria es la salud por la situación crítica de los sistemas sanitarios, la alta prevalencia de enfermedades crónicas y el envejecimiento de la población. Sería un tremendo error darles el reconocimiento de especialidad deportiva en la Ley Canaria del Deporte.    

 

Referencias

Katzmarzyk, P. T., Gledhill, N., & Shephard, R. J. (2000). The economic burden of physical inactivity in Canada. Cmaj, 163(11), 1435-1440.

Herzig, K. H., Ahola, R., Leppaluoto, J., Jokelainen, J., Jamsa, T., & Keinanen-Kiukaanniemi, S. (2014). Light physical activity determined by a motion sensor decreases insulin resistance, improves lipid homeostasis and reduces visceral fat in high-risk subjects: PreDiabEx study RCT. Int J Obes (Lond), 38(8), 1089-1096. doi:10.1038/ijo.2013.224

Gando, Y., Yamamoto, K., Murakami, H., Ohmori, Y., Kawakami, R., Sanada, K., Higuchi, M., Tabata, I., & Miyachi, M. (2010). Longer time spent in light physical activity is associated with reduced arterial stiffness in older adults. Hypertension, 56(3), 540-546. doi: 0.1161/HYPERTENSIONAHA.110.156331

Hamilton, M. T., Healy, G. N., Dunstan, D. W., Zderic, T. W., & Owen, N. (2008). Too Little Exercise and Too Much Sitting: Inactivity Physiology and the Need for New Recommendations on Sedentary Behavior. Curr Cardiovasc Risk Rep, 2(4), 292-298. doi:10.1007/s12170-008-0054-8

Healy, G. N., Dunstan, D. W., Salmon, J., Cerin, E., Shaw, J. E., Zimmet, P. Z., & Owen, N. (2007). Objectively measured light-intensity physical activity is independently associated with 2-h plasma glucose. Diabetes Care, 30(6), 1384-1389. doi: 10.2337/dc07-0114

Mayntz, R., Holm, K., & Hübner, P. (1985). Introduccion a la métodos de la sociología empírica. Madrid: Alianza Universidad.

Loprinzi, P. D., Lee, H., & Cardinal, B. J. (2014). Evidence to Support Including Lifestyle Light-Intensity Recommendations in Physical Activity Guidelines for Older Adults. Am J Health Promot. doi:10.4278/ajhp.130709-QUAN-354

Colditz, G. A. (1999). Economic costs of obesity and inactivity. Med Sci Sports Exer, 31(11 Suppl), S663-667.

 

 

 

 

 

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